miércoles, 20 de diciembre de 2006

LA PATÉTICA VERDAD

Por Hector Reynoso:
Esta nota de opinión está centrada en la figura y la acción de un hombre, que lejos de comportarse con la madurez que corresponde, lo hace como un niño caprichoso con una mirada parcial sobre la realidad que lo circunda. Me refiero concretamente al joven Claudio Navarro, que dice ser o se autodenomina como periodista, quien en más de una ocasión a agredido o ha tenido gestos descalificantes para con gente no solo renombrada en al ámbito periodístico de nuestra ciudad, dejando evidencia de su desconocimiento total de lo que es en verdad el campo del periodismo. Claudio Navarro no es periodista como muchos al igual que él, que ejercen la noble profesión ganándose la vida haciendo de este oficio su sostén familiar; pero particularmente en el caso de Navarro, se puede asegurar que no es periodista de verdad, porque ni siquiera lo intenta, no se ubica, no mantiene relación cordial con ningún colega, no pertenece o no quiere pertenecer al grupo humano periodístico de la ciudad, no intercambia opinión, no debate, no expresa sus pretensiones, no vuelca sus conocimientos porque no los tiene, no es solidario, no escucha. Su soberbia lo lleva a ciegas por todos lados sin rumbo, aunque a decir verdad, más que soberbia parece que lo que siente es terror a la exposición pública y su reacción para con los periodistas reconocidos no es más que rencor por no poder asumir su papel social como corresponde.
Su aislamiento, lo convierte en víctima de una encrucijada paralizante; si se observa como trabaja se puede ver que sus notas no tienen contenido, no hay compromiso, no hay opinión, le falta lo que en la jerga periodística se llama "sangre", su constante distracción cuando está reporteando al creador del corcho de goma, por ejemplo, dice a las claras que el hombre está apurado por salir de allí cuanto antes, cuando en realidad debe ser al revés, a todo periodista lo gana la curiosidad y la indagación en la vida de los personajes para hacer notar lo más importante, Navarro actúa en sentido contrario. Me gustaría preguntarle a Navarro qué es para él, el periodismo, que significa, que objetivos guarda el trabajo periodístico, pero no lo voy a hacer porque ya sé sus respuestas, divagantes e inentendibles, enredadas, impertinentes e inútiles.
Esa es la patética verdad de un hombre que se quiere construir a sí mismo, como notable ciudadano, y no deja de ser un ridículo personaje de utilería para que los televidentes se rían de sus aires de "productor", cargo que ostenta sin saber demasiado sobre el tema porque en ocho años de televisión no ha evolucionado en nada, se quedó en el tiempo repitiendo las mismas preguntas a los mismos personajes hasta el aburrimiento.
El pobre hombre de tan narcisista se ha vuelto su propio espejo, no ve otra cosa que su ego a cada hora y eso le quita felicidad, no es libre, no vuela, sólo alcanza a arrastrarse entre las migajas de afecto que apenas cosecha de vez en cuando, cuando algún funcionario (eso es muy importante para él) le manifiesta su agrado por alguna nota.
Fundó una institución que no tiene inscripción de socios, sólo una comisión directiva que rota en sus cargo eligiéndolo solo a él como presidente de la misma; desde allí ha despreciado y subestimado públicamente a personas dignas de respeto por su trayectoria en la ciudad, ha tenido gestos verdaderamente bochornosos con gente que no merece eso; es un verdadero caradura que ostenta su vieja cámara de televisión y ahora su revista como armas, para vengarse o para descalificar a aquellos que su humor indique, la mayoría víctimas elegidas al azar que nunca le han hecho nada, pero el hombre es así, cree ser el ombligo del mundo. Es evidente que está naciendo un nuevo tipo de periodismo, quizás uno de los modelos más despreciables y desgraciados de los conocidos hasta hoy, el de Claudio Navarro.


Héctor Reynoso: Editor responsable de Opinión Calificada.

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